Por qué queremos a los perros pero nos comemos a los cerdos

Imagine que unos amigos le invitan a su casa a cenar. El plato principal es un estofado de carne que huele fenomenal y está delicioso. Mientras lo disfruta le pregunta a sus anfitriones por la receta. “Coges un kilo de carne de Golden retriever, marinada desde la noche…”, le contesta su amigo. “¿¿Golden retriever?? “Si usted es como la mayoría de las personas que viven en Occidente, probablemente se sentirá mal ante la idea de estar comiéndose un perro cocinado”. Incluso sentirá asco, “porque los perros no se comen”.

Si sus anfitriones le dicen que es una broma, y que en realidad han servido un estofado de ternera ¿seguiría comiendo? ¿se sentiría mejor? Probablemente sí, porque “si usted es como la mayoría de las personas, cuando se sienta ante un estofado de ternera no ve la imagen del animal del que procede la carne. Sólo ve “comida”, por lo que se centra en el sabor, en el aroma y en la textura”. Así comienza la psicóloga estadounidense Melanie Joy su reflexión sobre por qué nuestra cultura nos permite comer algunos animales sin contemplaciones, mientras nos insta a que consideremos otras especies como mascotas y, como consecuencia de ello, la idea de causarles sufrimiento nos causa malestar.

Una reflexión que resume bien el título de su libro, Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas (Editorial Plaza y Valdés, colección Liber Ánima), publicado en castellano y recoge las investigaciones que la autora realizó durante su tesis doctoral. “Comer animales o no hacerlo es una tema de justicia social”, afirma Melanie Joy.

La decisión de comer carne

Melanie Joy ha acuñado un término, el carnismo, para denominar “el sistema de creencias que nos condiciona a comer unos animales determinados”. Y es que, según sostiene, “en la mayor parte del mundo actual las personas no comen carne porque lo necesitan, sino porque deciden hacerlo. Y las decisiones siempre se derivan de las creencias”.

“El carnismo es un sistema de creencias invisible y el trabajo de Melanie Joy está permitiendo darle visibilidad. Una vez que conocemos este sistema tenemos la libertad de decidir”, explica Javier Moreno, de Igualdad Animal, la organización de defensa de los derechos animales a la que irán destinados los beneficios de la venta de esta obra.

Joy, profesora de psicología y sociología en la Universidad de Massachusetts (Boston, EEUU), es vegana, es decir no consume ningún producto de origen animal (ni alimentos, ni prendas de vestir ni asiste a espectáculos en los que se usen animales). Pero no siempre fue así. Según confiesa, cuando era adolescente disfrutaba comiendo todo tipo de alimentos y era una fanática de la pizza con cuatro tipos de carne y extra de queso. “Como la mayor parte de la gente, me gustaban los animales y no quería que sufrieran aunque yo misma participaba en un sistema que cometía atrocidades y que iba en contra de mis valores. Cuando comía animales dejaba atrás la empatía”, reflexiona.

Allá por 1999, cuando tenía 23 años, se puso enferma tras consumir una hamburguesa en mal estado. Tal fue la indigestión que acabó en el hospital: “A partir de entonces dejé de comer carne, me empezó a dar asco. Poco a poco comencé a interesarme por la información que siempre había estado ahí y supe que hay millones de animales que están sufriendo de manera completamente innecesaria. Me di cuenta de que yo había contribuido al problema y quise ser parte de la solución”, recuerda.

Su transición hacia el veganismo, relata, fue paulatina: “Primero dejé de comer carne, luego huevos y leche…” Hasta que con los años se convirtió en vegana. “No necesitamos carne para sobrevivir, ni siquiera para mantenernos sanos”, asegura Joy, que en su libro pone como ejemplo “a los millones de vegetarianos sanos y longevos que así lo han demostrado” y defiende una dieta varieda y la ingesta de proteínas de origen vegetal para satisfacer las necesidades nutricionales del cuerpo. A sus ojos, beber leche o comer huevos es tan desagradable como para cualquier occidental puede resultar comer carne de perro.

Nada menos que 10.000 millones de animales mueren cada año sólo en EEUU para el consumo humano, una cifra que se doblaría si incluimos las especies animales marinas destinadas a la alimentación. En su obra, Joy también denuncia las duras condiciones de trabajo a la que están sometidos muchos de los trabajadores de explotaciones ganaderas y de la industria cárnica en EEUU, a los que denomina “las otras víctimas del carnismo”.

Durante la investigación que realizó para su tesis doctoral, la psicóloga entrevistó a todo tipo de personas: veganos, vegetarianos, carniceros, personas que trabajaban en la industria de la carne… Todos ellos, afirma, compartían una experiencia parecida sobre la consideración de especies como animales de compañías o aptos para el consumo.

Las tres N: Normal, natural y necesario

“El carnismo nos enseña a no pensar, a no sentir nada hacia estos animales. Comer carne se considera un hecho, no una elección”, asegura. Y este convencimiento, continúa, se ha logrado gracias a un sistema que justifica el consumo de carne a través de la repetición de lo que ella denomina las tres N: comer carne es normal, natural y necesario. Las mismas n que, según denuncia, se han usado a lo largo de la historia para permitir y justificar la esclavitud, el racismo o la dominación masculina. Y es que para Joy “el carnismo es una ideología violenta, un sistema de presión, un mecanismo que distorsiona nuestra relación con los animales”.

“La mayoría de nosotros creemos que comer carne es natural porque el ser humano caza y consume animales desde hace miles de años. Y ciertamente, la carne ha formado parte de nuestra dieta omnívora durante al menos dos millones de años. Pero el infanticidio, el asesinato, la violación y el canibalismo son, como mínimo, tan antiguos como el consumo de carne y, por tanto, podríamos argumentar que también son naturales. Pero no apelamos a la historia de estas conductas para justificarlas”, defiende en su libro.

Naturalmente, en otros países la percepción que tienen sus ciudadanos sobre qué animales son comestibles es distinta a la nuestra y para ellos también sería impensable ingerir algunas de las especies habituales en nuestra dieta. Por ejemplo, la vaca es sagrada en India, mientras que en otros países los insectos se consideran una importante fuente de proteínas y su consumo es habitual. En algunas zona de Asia, como China y Vietnam, muchos ciudadanos comen perros sin miramientos, a pesar de que también allí es frecuente tenerlos como animal de compañía. Como destaca Javier Moreno, “distinguen entre los perros que van a destinarse al consumo humano y los que se consideran mascotas”.

Joy, que lleva tres años viajando por el mundo y explicando en foros internacionales qué es el carnismo, está convencida de que la mayor parte de la gente no es consciente de las terribles condiciones en las que viven los animales destinados a convertirse en alimentos. Por ello, la autora se muestra satisfecha por el descenso del consumo de carne que se ha registrado por primera vez en EEUU, donde cada ciudadano come aproximadamente 100 kilogramos de carne al año. No obstante, en su opinión este descenso no es sólo atribuible a una mayor concienciación sobre el sufrimiento de los animales, sino también a que la gente cada vez es más consciente de los contaminantes que ingiere cuando toman carne: “Suele estar aderezada con hormonas sintéticas, dosis masivas de antibióticos, pesticidas, herbicidas y fungicidas tóxicos”, denuncia en su libro.

La autora confía en que su obra, que ha sido traducida a nueve idiomas, contribuya a que la gente se detenga unos instantes y reflexione sobre por qué comemos algunas especies animales y otras no. Tener información sobre las condiciones en las que viven millones de animales destinados al consumo humano, sostiene, les ayudará a decidir de forma consciente y con libertad: “Sin conciencia no hay elección libre”, afirma. Porque, como dice la cita de Mahatma Gandhi que ha escogido como apertura de su libro, “podemos medir la grandeza y el progreso moral de una nación por el modo en que trata a sus animales”.

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Fuente:http://www.vegetarianismo.net/

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Decálogo Vegano

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1. Ser Vegano es una elección y no una imposición, escoges serlo porque enriquece tu existencia.
2. Si los demás se ríen de tus ideas, ignóralos, si tuvieran razones reales para discutirte, lo harían con respeto
3. No trates de que los demás te entiendan, basta que tú lo hagas
4. Escucha a quienes te cuestionan con argumentos, nada es blanco o negro, pero nuestro fin es indiscutible: respetar la naturaleza
5. Si ser Vegano  afectara nuestra salud (lo que está comprobado que no es verdad) es una decisión personal: privilegiar la vida de los otros por sobre la nuestra
6. El mayor valor de nuestras existencias es la vida en general
7. Solo somos parte de la naturaleza, no sus dueños
8. Los animales son nuestros compañeros de ruta, no nuestros esclavos
9. Las plantas merecen también nuestro respeto, pero no sienten dolor
10. Respeta a los que piensan diferente, nadie es dueño de la verdad, nosotros reconocemos desde nuestro corazón y nuestra razón, ESTA VERDAD, SER VEGANOS, que le da sentido a nuestras vidas.

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1 DE NOVIEMBRE DIA MUNDIAL DEL VEGANISMO

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Día Mundial del Veganismo :

Donald Watson creó el Veganismo por motivos éticos hacia los animales no humanos, pues consideraba que su explotación era un horror similar a la esclavitud humana:

”El Veganismo es una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida. En la práctica se aplica siguiendo una dieta vegetariana pura y anima el uso de alternativas para todas las materias derivadas parcial o totalmente de animales”.

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La palabra ”Vegano’‘ es un préstamo lingüístico del término “vegan” de la lengua inglesa que fue creado como contracción del adjetivo “veg-etari-an”. Una similar contracción se puede aplicar al español “veg-etari-ano”. Sus inventores, en 1944, fueron Elsie Shrigley y Donald Watson, los cuales eran vegetarianos puros o “vegetarianos estrictos” que estaban molestos por el hecho de que muchas personas que se llamaban a sí mismas vegetarianas comían productos lácteos e incluso pescado.

El 01 de noviembre de ese mismo año, Watson fundó la Vegan Society en el Reino Unido. El día 1 de noviembre de 1994 se cumplieron los 50 años de existencia de la Vegan Society. Desde entonces, el 1 de noviembre se celebra el Día Mundial/Internacional del Veganismo.

beingvegan

El Veganismo, pone en práctica lo siguiente:
Alimentación: Los Veganos seguimos una alimentación vegetariana pura o estricta (100% vegetariana), es decir, excluyen por completo los productos de origen animal.
Vestimenta y calzado: Rechazamos todo tipo de tejidos de origen animal.
Productos probados en animales: Evitamos los productos que están elaborándose mediante experimentación animal.
Ocio: Rechazamos  los espectáculos en los que se usan animales (ej: circos,Zoos).

https://bcampdera.wordpress.com/2013/09/07/porque-el-veganismo-debe-ser-la-base/

https://bcampdera.wordpress.com/2013/10/10/entrevista-con-donald-watson-fundador-y-patrono-de-la-sociedad-vegana/

https://bcampdera.wordpress.com/2013/03/10/el-libro-veganismo-de-la-teoria-a-la-accion/

https://bcampdera.wordpress.com/2012/11/30/38/

http://www.vegankit.com

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http://www.vegansociety.com/

El libro Veganismo, de la teoría a la acción

El maltrato animal es uno de los problemas más extendidos en nuestra sociedad y, a la vez, más ignorados. Antes, la explotación a la que se sometía a otras personas por ser de otra raza era considerada de menor importancia. Actualmente la explotación a los animales es pasada por alto por el hecho de pertenecer a otra especie.

El libro Veganismo, de la teoría a la acción defiende que lo importante a la hora de tratar a alguien no es su raza, su inteligencia, su sexo o su especie, sino su capacidad de sentir. Esta capacidad es la que hace que nuestros actos puedan perjudicarles o beneficiarles y por ello es la principal característica que deberíamos tener en cuenta.

Generalmente, cuando se habla de maltrato animal, las personas se refieren a perros, gatos, toros o granjas de pieles. Pero el autor de este trabajo, Salvador Cotelo, va más allá. Expone que todo individuo con capacidad de disfrutar de la vida, tiene interés por la vida y todo individuo con capacidad de disfrutar de la libertad tiene derecho a ser libre. Por ello concluye que la manera que tenemos de ver al resto de animales debe cambiar desde la raíz; el problema no es que las jaulas sean demasiado pequeñas, las cadenas demasiado cortas o las muertes demasiado crueles. El problema es considerar a los animales como recursos.

La segunda mitad del libro hace referencia a las formas de activismo que se utilizan para tratar de acabar con la dominación especista y defiende la necesidad de participar en una lucha que afirma que el interés por la libertad no entiende de especies. Para ello habla de diferentes formas de protesta, campañas, liberaciones, investigaciones, etc. y analiza sus aspectos positivos o negativos basándose en la historia del movimiento por la liberación animal.
El libro es un ensayo de fácil lectura e ideas cláramente estructuradas. Es aconsejable para las personas con una mentalidad abierta a nuevas formas de pensar y a las que les gusta reflexionar sobre aspectos sociales y éticos.

http://libroveganismo.org/

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