Tres versiones del Especismo

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“Durante la mayor parte de su historia, la ética occidental ha estado centrado en los humanos. No hay, sin embargo, ninguna razón válida para restringir la ética a nuestra propia especie y buenas razones para no hacerlo así.” Peter Singer

Por especismo entendemos básicamente la discriminación moral y legal hacia otros animales que no son humanos por el simple hecho de no pertenecer a la especie humana. El especismo es el prejuicio más profundo y arraigado que existe en nuestra sociedad. Encontramos evidente pruebas de ello incluso entre quienes se declaran defensores acérrimos de los animales (no humanos).
El especismo se puede definir como la discriminación moral de un individuo en función de la especie a la que pertenece. Al igual que otras discriminaciones, está basado en argumentaciones arbitrarias e injustas. Desde siempre, los humanos han discriminado a sus semejantes animales de otras especies, sin tener en cuenta su capacidad de sentir, de tener intereses propios semejantes a los nuestros, que deben ser respetados.

Pero el especismo es un prejuicio que tiene también unas connotaciones algo más complejas y que me gustaría exponer brevemente algunas de ellas en esta nota.

1) El especismo como colectivismo o pensamiento grupalista

“Los otros animales que los seres humanos comen, utilizan para la ciencia, cazan, atrapan y explotan en una gran variedad de maneras, poseen una vida propia que tiene importancia para ellos, aparte de la utilidad que pudieran tener para nosotros. Ellos no están simplemente en el mundo, sino que además son conscientes de ello y de lo que les ocurre. Y lo que les ocurre tiene importancia para ellos.”  Tom Regan

El primer error del especismo consiste en  anular en nuestro pensamiento al individuo, existente y real, para sustituirlo por una abstracción conceptual. Ya no tenemos en cuenta al individuo, a la persona, y sus intereses propios, sino que lo consideramos un mero ejemplar de una entidad abstracta a la que llamamos especie.

El concepto de especie es una abstracción teórica. En la naturaleza no hay especies; sólo hay individuos más o menos semejantes genéticamente entre ellos. El concepto de especie es arbitrario (existen muchas definiciones de especie). Es simplemente una idea que recoge similitudes entre los individuos, quienes son los únicos seres verdaderamente reales.

Todos los conceptos son artificiales. En el sentido de que son constructos teóricos que coformamos mediante la razón. Lo realmente importante es saber si esos conceptos son verdaderos o falsos. Es decir, si corresponden con la lógica y con los hechos empíricos. Puesto que ni la lógica ni los hechos empíricos son conceptos o constructos, sino realidades objetivas a partir de las cuales fundamentamos nuestra existencia y conocimiento.

En el caso del concepto de especie, el problema está en que el especismo considera que ese concepto no es una mera convención sino que hace referencia a un supuesto ente real, del cual los individuos serían algo así como meras copias o reflejos. Exactamente lo mismo que ocurre con el caso del racismo. Para el racista, los individuos son meros ejemplares que imitan una supuesta entidad pura racial. Esta forma de pensar la podemos encontrar ya en la filosofía de Platón.

Los conceptos de especie y de raza, son perfectamente válidos para ser usados en ámbitos como la ciencia. El error está en tomarlos por seres reales. No solamente es un error a nivel teórico, sino que en la práctica ha causado millones de víctimas inocentes. Y es que nuestras ideas y creencias influyen en nuestra forma de actuar, y ésa es una de las razones por las que los análisis teóricos son importantes, y no meramente ejercicios intelectuales.

No digo que clasificar a los individuos por motivos científicos tenga nada de malo. Ni he sugerido nada parecido. Lo que digo es que hacer distinciones morales en base a esas clasificaciones es inaceptable. Efectivamente distinguir entre hombres y mujeres, entre blancos y negros, o entre humanos y nohumanos, para atribuirles diferentes consideraciones morales, es moralmente erróneo.

El error básico del especismo consiste en creer que la especie tiene alguna relevancia moral (cuando ni siquiera existe en la realidad). Un error similar al del racismo y el sexismo.

2) El especismo como discriminación racionalmente injustificada

    “El especismo sucede cuando acordamos un peso diferente a intereses similares, sobre la base de la diferencia de especies.”  Gary Francione

El especismo significa también la discriminación en base a la especie. Esto es, a la hora de establecer quién merece consideración moral y quién no la merece, se tendrá en cuenta sobre todo la especie a la que pertenezca el individuo en cuestión.

También existe lo que podríamos denominar como especismo de preferencia. Esto es, la idea de que aquellos individuos pertenecientes a determinada especie merecen una consideración moral igual o muy similar a la que merecen los seres humanos, en base a su cercanía o semejanza con éstos. Un ejemplo muy claro de esta clase de especismo es el “Proyecto Gran Simio“.

Hay que tener en cuenta que solamente nosotros podemos ser especistas. No digo nosotros en sentido de humanos, sino en el sentido de quienes somos agentes morales, responsables de nuestros actos, ya que hay humanos que no son agentes morales, puesto que carecen de la capacidad de tener conciencia moral (bebés, discapacitados mentales, ancianos seniles,…)

Por ejemplo, un tigre no puede ser especista porque ni siquiera puede comprender lo que es el especismo, ni puede actuar moralmente. Nosotros sí somos especistas cuando pensamos que otros individuos por no ser de la especie humana no merecen que les respetemos del mismo modo que nosotros queremos ser respetados, y actuamos en consecuencia. Por ejemplo, usar a otros animales como comida es es igual que usar a otros humanos como comida. Es canibalismo. La especie no es moralmente relevante. Lo único que importa es que son individuos que sienten, que tienen intereses propios que debemos respetar igual que los nuestros.

Ahora bien, me gustaría señalar un punto muy importante sobre esta cuestión, más allá de su delimitación conceptual. El simple hecho de rechazar el especismo (o el racismo o el sexismo) no implica que nuestra visión moral ya de por sí sea automáticamente correcta. Es decir, alguien puede no tener prejuicios grupales y, sin embargo, estar a favor de la explotación o de la violencia. Es perfectamente posible considerar como aceptable la esclavitud o el canibalismo sin discriminar a nadie en base a etiquetas como la especie o la raza. Por eso, el rechazo de la discriminación especista no es suficiente ni asegura un trato justo a los individuos.

Para hablar de respeto, es necesario asumir una visión moral igualitaria fundamentada en el veganismo. Es decir, en el principio de que cada ser sintiente (cada persona) es un fin en sí mismo, con derecho a vivir su propia vida, y no un medio para satisfacer las necesidades y deseos de otros individuos.

Hago mucho hincapié en la cuestión del especismo, porque lo considero prioritario, pero siempre partiendo de la base de una ética de Derechos Animales. Por esto, rechazo el “antiespecismo”, porque entiendo que es una máscara bajo la que se suelen esconder tendencias favorables a la violencia y el totalitarismo (como el utilitarismo y el igualitarismo) aunque, supuestamente, “sin especismo”.

3) El especismo como especismo antropocentrista o supremacismo humano

    “El ser humano es un animal más, de entre los muchos que existen.” Pablo Herrero Ubalde

Si el especismo es la discriminación moral en base a la especie, nos encontramos en nuestra sociedad con que la especie privilegiada es la especie humana: el especismo antropocentrista o supremacismo humano. La idea de que los humanos somos el centro del universo moral y todos los demás individuos que no sean humanos existen para nuestro uso y beneficio.

Sin embargo, no existe ninguna evidencia empírica que justifique el considerarnos moralmente por encima de los demás animales, en el sentido de estar legitimados para utilizarles como medios para nuestros fines.

La superioridad ni siquiera existe como tal en la realidad. Es sólo un concepto inventado por nosotros. Por ejemplo, existe el concepto de superioridad ontológica. Esto es, la idea de que la existencia está dividida en una especie de pirámide, en donde se distribuyen los seres – de inferiores a superiores – de acuerdo a su valor ontológico. Existe diferentes versiones de dicha idea. Pero en la cúspide de la pirámide, obviamente, solemos estar nosotros los humanos. Sin embargo, la ciencia desecha esta idea por carecer de evidencias que la sostengan mínimamente. La realidad es que todos los seres estamos hechos de la misma materia básica, y pertenecemos a la misma y única realidad.

La ciencia demuestra que biológicamente somos animales entre otros animales. Por lo tanto, no hay ningún argumento de tipo científico que apoye la idea de que debemos considerarnos esencialmente diferentes, especiales o superiores al resto de animales.

Esta idea de que las vidas y los intereses de otros animales – por el simple hecho de no ser humanos – tienen menos (o ningún) valor comparada con la vida y los intereses humanos es la esencia ideológica que subyace a la dominación y violencia que ejercemos sobre los demás animales. Es una idea falsa, pero que ha estado presente y asumida en la cultura humana desde hace muchos milenios, y que hasta hace muy poco no había sido confrontada.

Por eso no es cierto que, en general, la gente que explota a los animales no humanos sea mala, cruel, o perversa, sino que simplemente se le ha educado en esta creencia y vive en una sociedad donde el antropocentrismo moral -y sus consecuencias- se acepta como algo normal. Luego deberíamos conseguir que este prejuicio sea cuestionado y rechazado, para conseguir terminar con la explotación animal.

La mayoría de la gente es perfectamente capaz de entender y asumir que el especismo está igual de mal que otras discriminaciones injustas como el racismo. El único problema es que nunca se lo han planteado seriamente. Nuestro activismo debería estar centrado en lograr ese cuestionamiento. Mientras que no haya un creciente número de personas que, de manera voluntaria y activa, rechacen el especismo y la explotación animal, no hay posibilidad real de acabar con esta grave injusticia.

En conclusión, si no existe ninguna evidencia empírica ni razonamiento lógico que justifique considerarnos superiores a los demás animales, entonces ¿por qué no dejamos de creernos por encima del resto de animales y les respetamos del mismo modo que deseamos ser respetados? Empezando por reconocer su valor inherente y, en consecuencia, dejar de comerles, de utilizarles como vestimenta, entretenimiento, y como sujetos forzados de experimentación. Es decir, respetarles como personas; dejar de utilizarles como medios para conseguir nuestros fines.

El veganismo es la base para fundamentar esta nueva actitud y relación de respeto con los demás animales.

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Fuente:http://www.defensanimal.org/

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