Para leer: Vivan los animales!

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Título:¡Vivan los animales!
Autor: Jesús Mosterín
Editorial: Debate

No estamos solos en el Universo. Somos animales entre animales, compañeros de viaje sobre la nave Tierra. Estudiar a los animales es estudiarnos a nosotros mismos.
Dejando de lado mitos y metáforas, los seres humanos no somos ángeles ni computadoras, sino animales. No somos hijos de los dioses, sino primos de los chimpancés. El conocimiento de los animales es la base de nuestro autoconocimiento. La asunción de nuestra animalidad es la base de una relación armoniosa y responsable con el resto de la biosfera, tema central de la cultura emergente y piedra de toque de la nueva moral. La curiosidad científica por desentrañar los secretos moleculares de la vida, la fascinación naturalista por la conducta de los animales en plena naturaleza salvaje, la reflexión filosófica sobre lo que nosotros somos y el puesto que ocupamos en el Universo, la preocupación ecologista por la salvaguardia de la biosfera y de sus ecosistemas más valiosos, la indignación moral por el sufrimiento innecesario infligido a los animales, todos estos hilos usualmente separados se entretejen aquí en un tapiz brillante y profundo.

La cultura hispánica tradicional ha estado vuelta de espaldas a la naturaleza y se ha caracterizado por su desprecio e ignorancia de los animales. Por ello se echaba a faltar el revulsivo de un libro como este, destinado a marcar un hito en nuestra reflexión sobre los animales y en nuestra actitud hacia ellos, tanto más cuanto que aquí no se soslayan los temas más polémicos, como las corridas de toros, la caza deportiva, los experimentos con animales o la estabulación abusiva. A partir de ahora todas esas discusiones tomarán este libro imprescindible como punto de partida.

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Un pensamiento en “Para leer: Vivan los animales!

  1. “Todos los animales esperan de ti que les des a su
    tiempo el alimento. Tu se lo das y acuden ellos a
    recogerle; en abriendo tu la mano, todos se hartaran
    de bienes. Mas si tu apartaras tu rostro, túrbanse;
    les quitas el espíritu, dejan de ser, y vuelven a
    parar en el polvo de que salieron”
    Salmo 103,27-29

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